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ECONOMÍA EN VACACIONES

Lic. Beltza Peggy
Especialista en Comercio Exterior y Régimen Aduanero

La economía doméstica es la economía real de los ciudadanos argentinos. Es la que se vive cotidianamente, a lo largo de todo el año calendario, cuando se decide consumir, invertir, ahorrar o simplemente resistir. No es una estadística ni una proyección macroeconómica: es la base concreta sobre la cual familias, comercios, industrias y prestadores de servicios toman decisiones después de  un 2025 marcado por déficits productivos, bajo consumo interno y una pérdida evidente de dinamismo.

En este escenario, la economía parece entrar en vacaciones. No porque descanse, sino porque se desacelera, se repliega y se ajusta. Los datos oficiales parciales de 2025 muestran caídas en la industria, una fuerte retracción en la construcción y un comercio con bajo nivel de rotación. La actividad económica se sostiene con dificultad y el consumo interno continúa deprimido. Todos los sectores productivos atraviesan este proceso de ajuste, con una excepción evidente: el sector financiero.

Cuando se observa la economía en su conjunto, el contraste es claro. La mayor parte del entramado productivo —industria, comercio y servicios— sostiene el peso de la actividad en un contexto recesivo, mientras el sector financiero aparece desacoplado, expandiéndose incluso cuando la economía real se contrae. Este crecimiento financiero se ve impulsado por la proliferación de la educación financiera y por la apertura de las bolsas de comercio, bajo un mensaje atractivo que atraviesa generaciones: “aprendé, invertí, ganá, no te quedes afuera”.

La pregunta inevitable es si ese “afuera” refiere a oportunidades reales de creación de valor o a un sistema que se expande incorporando cada vez más participantes mientras la economía productiva ajusta. En la práctica, conviven hoy tres realidades bien diferenciadas: la economía doméstica sufre, la economía productiva ajusta y la economía financiera expande. Tres economías que comparten territorio, pero no condiciones ni tiempos.

En este marco, resulta inevitable preguntarse qué esperar de 2026. El próximo año se presenta con una agenda de reducción selectiva de impuestos orientada a la producción y al consumo tecnológico. Se anuncian la eliminación de aranceles a celulares y bienes tecnológicos importados, la reducción de impuestos internos, la eliminación de aranceles para bienes de capital y la quita de retenciones a más de 4.400 productos industriales. También se eliminó la percepción del 30 % a cuenta de Bienes Personales para la compra de dólar ahorro y se actualizaron las deducciones personales del Impuesto a las Ganancias.

Sin embargo, otros tributos relevantes permanecen vigentes no nos olvidemos que tenemos aún 155 impuestos implicitos en la cadena productiva que absorvemos todos los contribuyentes en forma directa en el consumo. El recargo del 30 % sobre consumos en moneda extranjera con tarjeta continúa aplicándose, con modificaciones normativas pero sin eliminación efectiva. Bienes Personales reduce gradualmente sus alícuotas máximas, aunque sobre una base imponible todavía elevada. El alivio fiscal, en consecuencia, es parcial y selectivo, y no se traduce de manera inmediata en una mejora palpable para la economía doméstica.

Un dato reciente aportado por ARCA da sustento empírico a esta lectura. A fines de 2025, la recaudación tributaria nacional cayó en términos reales por quinto mes consecutivo, aun cuando mostró incrementos nominales. La baja de retenciones y de algunos impuestos, en un contexto de inflación persistente y actividad retraída, redujo los ingresos fiscales reales. Este comportamiento no refleja una economía en expansión, sino una actividad que aún no logra recomponerse y un consumo que permanece débil.

La reducción de impuestos, por sí sola, no genera una reactivación automática. Sin recuperación del consumo, sin acceso al crédito y sin previsibilidad, el impacto de las medidas fiscales se diluye en la economía real. La presión tributaria puede cambiar de forma, pero el esfuerzo sigue recayendo sobre salarios, márgenes empresariales y decisiones cotidianas de los ciudadanos.

En este momento, dejaremos para abordar dos temas importantes como Ley de Inocencia Fiscal el impacto de los umbrales en la practica faltan experimentar como se comporta el contribuyente y que acciones toma el Estado con los que nunca entraran porque antes de la Ley ya estaban en la economia informal o mal llamada en negro; quien dice que esta porcion de la ciudadania tenga la intención de ingresar al sistema. El otro tema relevante, para la toma de decisiones es la Ley de Modernización Laboral que con un apoyo del 63% tiene grises y actores muy importantes en la economia domestica que fueron exceptuados de la participación como las Pymes quienes movilizan el 50% de los puestos de trabajo asalariado formal en Argentina, según un informe de la UCEMA basado en datos del INDEC.

La economía doméstica vuelve así a imponerse como eje central del análisis. Es la que explica decisiones que, a simple vista, podrían parecer contradictorias. Tomarse vacaciones en un año deficitario puede ser, paradójicamente, una decisión racional para ciudadanos conscientes de que 2026 y 2027 serán años de transición, ajuste y reordenamiento de la Microeconomia.

Mientras tanto, los costos estructurales continúan presionando. Energía, telecomunicaciones, medicina, medio ambiente y una oferta de crédito limitada elevan los costos marginales y dificultan cualquier intento de recomposición desde la industria, la producción, el comercio o los servicios. En el terreno del comercio exterior, la apertura convive con una realidad operativa compleja: baja rentabilidad, dificultades para realizar pagos al exterior, incertidumbre normativa y un ingreso de mercaderías con controles más laxos y trazabilidad deficiente, que lejos de dinamizar la economía, introduce nuevos riesgos.

La economía en vacaciones no es una pausa voluntaria. Es el reflejo de una sociedad que ajusta, espera y resiste. El desafío hacia adelante será lograr que las correcciones macroeconómicas encuentren anclaje en la economía real, esa que no vive de expectativas ni de discursos, sino de decisiones concretas que se toman todos los días.

Los próximos años no serán de expansión inmediata, sino de reacomodamiento de la microeconomía, que es donde se define la vida real de los ciudadanos. Ese equilibrio no depende solo de expectativas, sino de la reorganización efectiva de los costos estructurales que hoy condicionan cada decisión productiva y de consumo: la energía eléctrica, el gas, el agua, las telecomunicaciones y, de manera central, el nivel de gasto público. Sin intervenir de forma consistente sobre estas variables, la microeconomía no se ordena sola.

En este contexto, las decisiones del Gobierno Nacional son determinantes. La microeconomía no se ordena automáticamente ni responde solo a expectativas: requiere decisiones políticas y económicas precisas, oportunas y sostenidas en el tiempo, sin titubeos.

El ruido político impacta de manera directa sobre los costos, los precios y las decisiones cotidianas, y puede transformar un proceso de reordenamiento necesario en una simple burbuja de expectativas. Sin claridad, continuidad y coordinación, no hay equilibrio posible en la economía real diluyendo cualquier intento de estabilización.

Lograr que el equipo del presidente —y el propio presidente— se mantengan al margen de la rosca política no es un detalle menor: es un factor central para que el proceso de reordenamiento no derive en una burbuja de expectativas. La microeconomía no se reactiva sola, eso no ocurre. Necesita reglas claras, señales consistentes y un rumbo firme que permita transformar el ajuste en equilibrio y el equilibrio en sostenibilidad.

Es vital y fundamental en estos tiempos de reconversión conocer las reglas del ajedrez para permanecer en contexto internos de cambios con impacto directo de la geopolítica de la región por ello dejo esta cita que nos dice todo en pocas palabras.
Yo te ruego que des a tu siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. 1 Reyes 3:9

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